LA VERDAD DE LA CIENCIA

AUDIO DEL AUTOR

A la hora de enfrentarnos con las cuestiones nucleares de todas las ciencias, también de la Economía, y para realzar a su vez una buena política en nuestras actuaciones de gobierno empresarial, político o personal, conviene recordar el lema del frontispicio del templo de Delfos que hizo suyo Sócrates: “Conócete a ti mismo”. Sócrates recomendaba por todas partes (hablando, dialogando, sin escribir) la reflexión para la búsqueda de la auténtica felicidad (para el éxito en definitiva), en una conducta moral que tiene su centro en la propia persona y ya no en la colectividad. Como muy bien explica el profesor Fernando Prieto en su Historia de las ideas y las formas políticas: “Frente al escepticismo y relativismo de los sofistas, el planteamiento antisofista de Sócrates parte de la creencia en que hay una verdad moral, que hay una moral objetiva que puede ser conocida con plenitud de verdad, es decir, que se puede construir una ciencia de la moral, lo cual presupone la afirmación previa de que es posible la ciencia en general. En el comienzo del pensamiento socrático está la defensa de la posibilidad de la ciencia, es decir del conocimiento cierto de la verdad, contra los sofistas.”

Siguiendo la sabiduría socrática conviene recalcar que es necesario no caer en un error intelectual grave: dudar de todo al estilo Descartes y, además, de forma metódica y voluntarista; por principio. La duda como principio. Con la certeza cartesiana sólo existimos nosotros mismos. Esa duda metódica lleva, de hecho, a negar la evidencia de la existencia de la verdad, del bien, del valor, de la bondad, de la libertad, de todo. La duda en otro sentido, aplicada a las afirmaciones personales, como cierto escepticismo hacia nuestras “verdades”, imprime un ticket moderador conveniente que nos permite recordar que siempre estamos más o menos cercanos a lo verdadero o, mejor, más o menos embadurnados de errores a diestro y siniestro. Se puede, incluso se debe, dudar de la propia “verdad” en este sentido, pero de lo que no se puede dudar es de la existencia referida a la verdad objetiva. Si negamos la existencia real de la verdad estamos cerrando las puertas a la existencia de la Ciencia; de toda Ciencia. No existe la ciencia de la Economía, ni de la Política, ni del Derecho ni de la Ética, ni de la Física, ni de la Medicina, ni de la Matemática. No tiene sentido la docencia. Si no trato de enseñar algo que creo se acerca a lo verdadero y, por lo tanto, a lo bueno y valioso, para qué la enseñanza en cualquier nivel. ¿Para qué la formación? ¿Qué sentido tienen los debates científicos si no existe la verdad?. ¿Para qué leer este diario económico o aquel periódico de información general?. ¿Para qué escuchar? Sinceramente pienso que es un error intelectual grave. No me refiero a cuestiones de fe ni a cuestiones de sentimientos. Me estoy refiriendo a cuestiones de audacia intelectual. Nuestro mundo moderno, tan “científico”, economicista y empresarial tiene el complejo intelectual de dudar por principio de la existencia de la verdad. Yo, sinceramente, no creo que exista la verdad. Sencillamente: estoy seguro. Con convicción intelectual. Muchos pensadores en todos los tiempos, y de indudable valía, han aportado pruebas racionales de su existencia y que las podemos hacer nuestras. No digo que conozcamos en su plenitud la verdad, cosa que por supuesto sería imposible. Me refiero simplemente a su existencia. Negarla es un error teórico y práctico importante. Quien niega la evidencia, miente. Si dicen que una mentira repetida mil veces puede convertirse en verdad, una verdad, repetida sólo cien veces, ahoga la mentira anterior. La verdad tiene mucho más atractivo que la mentira. Pero conviene repetirla en nuestros días a diestro y siniestro, con ocasión o sin ella.

Si no caemos en ese error y trabajamos sobre la hipótesis de existencia de la verdad (aunque la desconozcamos en tantos aspectos) entonces ya tiene sentido la investigación, tiene sentido la formación y tiene sentido el diálogo científico sin que sea un diálogo de sordos. Karl Popper, en Burgos, 1968, en un diálogo con Pedro Schwartz afirmaba que “es muy importante que no abandonemos la discusión racional; y la discusión racional se desarrolla bajo el ideal regulador de la verdad, el ideal de que queremos aproximarnos a la verdad. Esta idea es la que hace racional nuestra discusión.” Abrimos así el horizonte a la existencia de la Ética, la Economía, el Derecho o la Política como ciencias. Podemos descubrir entonces e internarnos como pioneros en un mar abierto de leyes universales y principios generales libres, que nos son útiles y aplicables para todo tiempo o lugar, y para toda persona humana sin discriminación de raza, nacionalidad, ideología o tiempo histórico en el que desarrolla su actividad. La Economía y la teoría de la dirección de empresas se enmarcan así, como indicaba continuamente Von Mises, entre las ciencias de la acción humana. Se trata entonces de reflexionar y tratar de conocer la esencia de la acción humana para deducir esos teoremas universales. La única forma de vislumbrar esos teoremas es mediante el estudio lógico del conocimiento inherente a nosotros mismos sobre la categoría conceptual de la acción humana. Pasados miles de años desde que Sócrates hiciese suyo el lema “conócete a ti mismo,” la cuestión sigue estando vigente, aunque es más difícil de esquivar.

JJ Franch

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s