ACTIVIDAD ECONÓMICA: LIBERTAD Y PROPIEDAD

La universal tarea económica consiste en aplicar la acción humana sobre los recursos y los medios a nuestra disposición, escasos o abundantes, para orientarlos y ordenarlos hacia el cumplimiento cabal de nuestros fines inmediatos, mediatos y últimos. Aplicar la acción humana no es otra cosa que trabajar; y aplicarla en orden a conseguir alcanzar los mejores fines es lo mismo que trabajar bien, en la dirección adecuada. Dirigir la acción humana hacia metas equivocadas no es trabajo sino que más bien será “destrabajo”; no es hacer sino más bien “deshacer”. Y todo ello aunque derrochemos un gran esfuerzo físico o intelectual. Cuando el llamado trabajo aumenta en cantidad pero disminuye en calidad no se trabaja sino que se deshace la labor y se despilfarra la acción. En nuestras sociedades se remunera muchas veces el esfuerzo de “deshacer” y en cambio hay muchos que tienen que pagar por trabajar.(Todos los buenos estudiantes por ejemplo).

La acción humana es fruto de la elección y la decisión personal, y conlleva la libertad como característica intrínseca. La libertad consiste en ser idóneos y estar abiertos a posibilidades que convertimos en proyectos. El futuro de la acción humana libre aparece como un abanico variopinto de decisiones innovadoras. El trabajo libre, que proyecta subjetivamente los fines sobre los medios para humanizarlos, potencia la fuerza imaginativa de la inteligencia materializando su capacidad creativa. La libertad está indefectiblemente unida a la acción humana y ser libre, a su vez, no es otra cosa que ponerse a hacer, con aquello que está a nuestra disposición, lo que reflexivamente se prefiere en orden a nuestros fines últimos y nuestros metaobjetivos. En esa tarea de armonizar nuestras acciones libres con las referencias finales, resulta vital la reflexión y la forja ética del temple personal. Desplegando y haciendo realidad la libre afirmación de nuestro ser, nos vamos realizando a nosotros mismos y ayudamos a construir un mundo a la medida del hombre. Para no caer en el abismo ni aparcar en el atolladero, el progreso económico y tecnológico tiene que ser libremente embridado por cada cual con la configuración cultural del hombre interior.

Restaurar el protagonismo esencial de la libertad personal es afirmar que la economía no nos arrastra necesariamente sino que somos nosotros los que hacemos la economía y, por lo tanto, somos los responsables para bien o para mal. La responsabilidad individual permite la utilización hasta el máximo posible de nuestros propios conocimientos y aptitudes en el logro de nuestros fines. En las actuaciones derivadas de libres decisiones, no son las alternativas concretas las que nos determinan en una irrevocable dirección, sino que es cada uno el que se determina a la consecución de tal o cual proyecto económicamente innovador. La libertad es acompañada siempre por la responsabilidad. Si a los hombres se les permite actuar con libertad y de acuerdo con lo que estiman conveniente, también deben ser responsables del resultado de sus esfuerzos, sea éste el de un éxito o el de un fracaso. La libertad no sólo significa que el individuo tiene la oportunidad y la responsabilidad de la elección, sino también que debe soportar las consecuencias de sus acciones y recibir alabanzas o censuras por ellas en el juego social de los mercados mediante la cosecha de beneficios o pérdidas económicas. Sin diseño externo ni planificación “a priori”, los mercados se constituyen en sistemas espontáneos de autoajuste y autoayuda que armonizan las preferencias subjetivas originales de todos los participantes.

Para que todos estos efectos beneficiosos se hagan realidad en nuestras economías agostadas y acogotadas por el intervencionismo estatal y colectivo, es preciso ampliar el campo de ejercicio de esa libertad y responsabilidad para potenciar la acción humana que transforma la materia sobre la que actúa. Ampliar el campo de la libertad es ampliar el campo de la propiedad privada de los bienes. Ser libre es poder serlo. Libertad, responsabilidad y propiedad están entrelazadas de forma radical: es la libertad la que posibilita el uso conveniente de la propiedad, y ésta la que enmarca el ámbito del derecho de libre disposición. Libertad y propiedad están imbricadas de tal forma que tan sólo puedo poseer lo que tengo si realmente puedo disponer flexiblemente de ello. Ser libre es saber lo que se quiere y hacer lo que quiero… con lo mío. Como indica Mises, ni siquiera Marx se atrevió a negar que la iniciativa privada y la propiedad particular de los medios de producción constituyeron etapas insoslayables en el progreso que llevó al hombre desde su primitiva pobreza al más satisfactorio estado de la decimonónica Europa y Norteamérica. Es en aquellas sociedades y en aquellas épocas donde el pueblo es libre y propietario con más amplitud, y en las que cada individuo se constituye económicamente en centro de decisión, donde se ha puesto de manifiesto su eficacia para el desarrollo económico general. La libre disposición sobre distintos bienes, muchos o pocos, nos estimula a que aumentemos su valor combinándolos con otros bienes y servicios complementarios cuya propiedad también ostentamos, o podemos ostentar mediante la libre compraventa. Al fecundar unas y otras propiedades con el trabajo, que también forma parte esencial de nuestra riqueza, conseguimos realizar nuestros objetivos y proyectos de vida.

Expropiar coactivamente mediante impuestos una parte sustancial de las propiedades de la ciudadanía es echar paletadas de arena sobre el origen de la riqueza y cegar las fuentes más dinámicas del progreso económico. Cuando más del 50% de lo que se produce en un país pasa por el filtro gubernamental, la asignación y la eficacia de los recursos se empobrece. Cuando se utiliza la filfa de la educación “gratuita”, la sanidad “gratuita” o las subvenciones “gratuitas”, se está engañando a la ciudadanía. La educación o la sanidad nunca son gratuitas puesto que siempre implican un uso y consumo de recursos que tienen un costo y que posiblemente será más alto si su producción es pública que si fuese privada y en competencia. El pago de esos elevados costes proviene de los ingresos tributarios que pagan los contribuyentes. Como las clases bajas y medio bajas tienen menos posibilidades de eludir legal o ilegalmente impuestos, y como se incrementan los impuestos indirectos con directa repercusión sobre estos sectores de población, el resultado final acabará siendo regresivo. Se pagará más, pagarán más proporcionalmente, tendrán menos libertad de elección las capas de población más desfavorecidas y se desincentivará la oferta diversificada y el trabajo innovador cualitativamente mejor hecho. Libertad es poder de disposición sobre lo propio, libertad de elección. Si el poder económico ganado con nuestro trabajo es coactivamente expropiado por el ente de razón colectivo, la libertad retrocede y con ella la acción humana creativa y enriquecedora.
JJ FRANCH

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