IMPORTANCIA DE LA HISTORIA DEL PENSAMIENTO ECONÓMICO

La historia de la economía, especialmente la historia del pensamiento económico, no se estudia explícitamente para dominar la economía actual, pero se debe estudiar en la medida que ayuda notablemente a comprender el camino por el que hemos llegado al presente. Algunos historiadores de la economía, entre los que cabe destacar a Schumpeter, creen que una comprensión de la evolución de la ciencia ayuda a entender su estructura actual.

Cuando los innovadores teóricos en una ciencia se ocupan de un determinado problema, ello no quiere decir que la nueva teoría se convierta en parte del equipo de trabajo de los practicantes competentes de la ciencia. Así por ejemplo, la aceptación efectiva de la teoría de la utilidad por los teóricos económicos ha venido casi un siglo después de la revolución de la utilidad marginal. La ciencia en general avanza despacio. Dicha teoría no fue ni siquiera un tema de moda entre los teóricos económicos en las dos generaciones después de su introducción en el campo científico económico.

El premio Nobel George Stigler nos dice que: “a fortiori, la utilidad no formó parte del equipo de trabajo de los economistas durante este período. Un economista que escribiese sobre impuestos o comercio o trabajo o algo semejante, no introdujo funciones de utilidad en su análisis ni las utilizó como método de desarrollo de su tema. La ausencia de la teoría de la utilidad del trabajo teórico dedicado a otros temas se mantuvo durante otras dos décadas: ni un sólo artículo en la American Economic Review de 1940 empleó la teoría de la utilidad en cualquier forma. Es solamente en las dos últimas décadas cuando esta característica ha surgido. Un cálculo similar para los artículos en la American Economic Review de 1970 revela que no menos de quince artículos introducen y utilizan funciones de utilidad en el curso del análisis de otros temas.”

Si una exposición anterior válida de una teoría se encuentra con oídos sordos, y una exposición posterior de la misma es aceptada por la ciencia, es una prueba de que la ciencia es una estructura social que acepta las ideas sólo cuando se muestran adecuadas con el estado corriente de la ciencia. El ejemplo de las leyes de Gossen en este aspecto es significativo desde el momento que observamos que Gossen escribió en la época culminante de la economía histórica alemana y por lo tanto eran inadecuadas a su entorno.

Hay sin embargo una cierta animadversión en el joven teórico a leer historia del pensamiento económico. Como trabaja con un corpus crecientemente formal, abstracto y sistemático de conocimiento, raramente considerará necesario consultar ni siquiera a un economista de finales del siglo pasado. Supone normalmente, exactamente igual que suponen el matemático o el químico, que todo lo que es útil y válido en el trabajo anterior está presente -en forma más pura y elegante- en la teoría moderna.

Considero sin embargo, al igual que Stigler, que si un gran libro como La riqueza de las naciones de Smith se lee repetidamente, hasta cinco o seis veces, se continúan aprendiendo cosas nuevas. Es dudoso que alguien aprenda por completo todas las cosas que Smith quiso expresar, y hay incluso más para aprender de una mente interesante que lo que su poseedor quiso enseñarnos. La mayoría de los profesores, recalca Stigler, no sabe cómo leer bien un trabajo científico, y esta habilidad se desarrolla sólo con la práctica apropiada.

Para leer a un economista comprendiéndole es necesario cierto grado de separación a la vez que un cierto grado de simpatía. Uno puede considerar el trabajo del hombre con un microscopio analítico, examinando cada frase y cada palabra con cuidado escrupuloso, y sin embargo no entender nunca lo que está intentando decir. Hay que evitar, en la medida de lo posible, tanto la hipercrítica como la adulación. Ambas sirven pobremente como guías en la interpretación. El objetivo fundamental de la comprensión de un ensayo científico es la formulación de la estructura esencial del sistema analítico del autor. Nuestra comprensión será tanto mejor cuanto mayor sea la parte del trabajo analítico del autor que podamos deducir del sistema analítico. Podemos incluso utilizar la predicción para contrastar nuestra comprensión. Así Stigler indica que quien entiende los cinco primeros capítulos de Ricardo ha de ser capaz de escribir sus capítulos sobre impuestos.

El propósito de tratar de entender el sistema teórico del hombre no es ser generoso o malicioso respecto de él, sino maximizar la probabilidad de que su trabajo contribuya al progreso científico. Sólo si el sistema analítico está bien definido y purificado de digresiones irrelevantes, y errores que no son esenciales, podemos determinar si se trata de una adición valiosa al cuerpo de la ciencia o, al menos, de una línea de investigación que pueda investigarse más adelante. La acción de leer bien un fragmento de un escrito científico será, por tanto, una contribución al progreso de la ciencia: la lectura del profesional ha mejorado la exposición original de la teoría.

Las consideraciones que estoy haciendo respecto a cómo leer trabajos científicos se puede aplicar tanto a trabajos pasados como presentes. El modo correcto de leer a Adam Smith, Malthus, Marsahll o Menger es el modo correcto de leer los próximos números de una revista profesional. Sin embargo se pueden encontrar algunas razones para creer que es más fácil aprender a leer si se empieza con los economistas de tiempos pasados. El tiempo identifica a los economistas que vale la pena leer adecuadamente, en cambio la mayoría de los artículos del próximo número de la revista profesional no merecen una lectura cuidadosa y esforzada. Por otra parte el estudio de la historia del pensamiento económico no sólo puede enseñarle a uno cómo leer, sino también cómo reaccionar ante lo que lee. Al ser la literatura económica, en un grado considerable, literatura polémica, las nuevas ideas tienden a exagerar su superioridad sobre los modelos más viejos. Una nueva teoría puede ser eventualmente más importante de lo que incluso su descubridor cree y postula, pero el valor de las teorías más viejas es invariablemente mayor de lo que él reconoce.

En definitiva, la lectura de la literatura pasada permite observar el papel de la controversia que estimula el interés y la animosidad. Sólo después de que una teoría ha sido sometida a la revisión hostil, se identifican sus debilidades y limitaciones y, por tanto, se hace capaz de remediarlas. El joven que lee algo de las primitivas controversias con cuidado, aprenderá seguramente que después de estudiar las controversias previas no es posible comprometerse por completo en las controversias corrientes ya que no se puede estar completamente convencido de la corrección ni de la importancia de sus nuevas ideas. Hago mía la afirmación de Stigler: “Yo acepto la proposición de Bishop Stubbs de que el estudio de la historia probablemente hace sabio a un hombre y seguramente lo entristece” Como conclusión podemos decir que la economía tiene un pasado muy útil, un pasado útil al tratar del futuro. Esta conveniencia debe ser transmitida a las generaciones presentes y futuras.

JJ Franch

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