LOQUILLOS DE LA LIBERTAD RESPONSABLE

Somos cada vez más quienes pensamos que hay que tratar de conseguir entre todos que, con perspectiva histórica, estas décadas (casi un siglo) de intransigencia y obsesión ideológica socialista y comunista, con toda su procesión de miseria y obstrucción económica y humana, se conviertan, para las generaciones posteriores y para la historia de la humanidad, en “una mala noche en una mala posada”. Para ayudar a conseguirlo con seriedad desde el punto de vista intelectual es por lo que creo que mi colega de la Universidad Complutense, el profesor Huerta de Soto, ha escrito un nuevo, interesante y documentado libro titulado “Socialismo, cálculo económico y función empresarial” que ha llegado a mis manos hace pocos días.

La crítica más seria que, a bote pronto, me atrevería a formularle es su insistencia y extensión abrumadora para demostrar con rotundidad intelectual algo que a estas alturas creo que es evidente: que el socialismo no es libertad sino que como él dice de forma más académica “socialismo es coacción” y, por eso, es antieconómico. Sólo los ideológicamente ciegos y testarudos, por muy ilustrados que sean, son capaces de intentar defender lo que ya es una pieza de museo para futuros historiadores. Hasta el Secretario General del Partido Socialista es consciente de que no sólo hay que borrar la palabra obrero de sus siglas sino que se debe tachar también la palabra socialista. (Lo que ocurre es que tendrán que inventar algo rápidamente porque si no el PSOE quedaría reducido a Partido Español, lo cual es algo, digamos, poco estético en una democracia).

Quizás se nos podían haber ahorrado unas páginas pero no es malo en cualquier caso dejar las cosas claras cuanto antes y, como el mismo autor escribe, prevenir de cara al futuro para que los economistas no volvamos a caer en la misma piedra ni hagamos el ridículo intelectual tan dramático que hemos hecho al no prever, la gran mayoría, la caída del formidable Imperio Soviético y sus consecuencias. Muy pocos fueron capaces de prever que tal entramado económico, político y militar se iba a deshacer con la rapidez y dulzura de un azucarillo en agua caliente como efectivamente sucedió.

Por todo ello lo más importante de su investigación creo que está en el capítulo II dedicado a la función empresarial. Ese análisis sí que mira sin complejos y con alegría al futuro abriendo un abanico de opciones intelectuales y prácticas altamente aleccionador. La función empresarial, siguiendo a Kirzner, no está limitada y necesariamente conectada al aspecto monetario y mercantil, sino que la extiende a la acción consciente de toda persona por el mero hecho de serlo ya que, aunque no tenga nada, tiene siempre al menos la propiedad de su propia humanidad: la libertad. Su idea de la función empresarial “se encuentra íntimamente relacionada con un concepto de la acción humana entendida, por un lado, como una característica esencial y eminentemente creativa de todo ser humano y, por otro lado, como el conjunto de facultades coordinadoras que son las que espontáneamente hacen posible el surgimiento, el mantenimiento y el desarrollo de la civilización.” Digamos que desaparece el dilema empresario-trabajador. Todos somos empresarios. La gran mayoría empresarios por cuenta ajena, pero empresarios desde el momento que cualquiera actúa para modificar el presente y conseguir objetivos (beneficios) en el futuro. La actitud emprendedora consiste en intentar continuamente buscar activamente, descubrir, crear o darse cuenta de nuevos fines y medios más convenientes y humanos. Sin citar a Shackle, pero con algunas de sus principales aportaciones, nos dice que el futuro es siempre incierto en el sentido de que está aún por hacer y el actor-empresario-trabajador sólo tiene de él ciertas ideas, imaginaciones o expectativas que espera hacer realidad mediante su acción personal e interacción con otros actores. Se produce de forma continua en la mente una especie de fusión entre las experiencias del pasado que recoge en su memoria en el transcurso habitual de mil detalles diarios diferentes, y su proyección simultánea y creativa hacia el futuro.

Queriendo interpretar el pensamiento del autor me atrevería a decir que somos cada uno una eternidad que camina despistada por los caminos del hoy cotidiano sin calar en la profunda significación de cada insignificancia. La ancestral eternidad pasada vive hoy hasta en las más nimias y originales acciones de cada cual y se proyecta, con la flexibilidad de la libertad personal responsable, en todo el despliegue interpersonal de la eternidad multisecular futura.

Me da la impresión que Huerta de Soto es uno más de esos pequeños, infrecuentes y sensatos loquillos de la libertad que pululan por estos mundos de continuas coacciones directas o subliminales. También yo me apunto a su atrevimiento optimista a largo plazo en defensa de la verdadera libertad.

JJ Franch

 

 

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