LIBERTAD DE VOTO EN EL PSOE Y EL PP

Soy el primer sorprendido del revuelo político y de opinión que parece que se ha levantado a partir del día en que Diario 16 publicó mi último artículo: (Miércoles 13 de octubre). Debió ser mera coincidencia porque si efectivamente se está gestando un tercer partido bajo los auspicios de Mario Conde, cosa que desconozco y que él sabrá, no tiene nada que ver con la gestación de las ideas que allí se explicaban. Como liberal responsable y defensor de la libertad y eficacia del pensamiento por sí mismo, soy amigo de la sinceridad y transparencia informativa por lo que no tengo ningún inconveniente en tratar de explicar la génesis verdadera de lo que allí se planteaba.

Entre mis lecturas de este verano en la Sierra de Madrid destacan algunos pasajes de La rebelión de las masas de Ortega y Gasset. Allí era patente la preocupación por la homogeneidad de mala clase y el talante monocorde que veía crecer el autor en todo Occidente y se puede leer entre otras afirmaciones interesantes y de gran actualidad política que “para que lo humano se enriquezca, se consolide y se perfeccione es necesario según Humboldt, que exista “variedad de situaciones”. Dentro de cada nación, y tomando en conjunto las naciones, es preciso que se den circunstancias diferentes. Así, al fallar una quedan otras posibilidades abiertas. Es insensato poner la vida europea a una sola carta, a un sólo tipo de hombre, a una idéntica “situación”.(…) la forma superior de la convivencia es el diálogo en que se discuten las razones de nuestras ideas.”

Lo que más me ha llamado la atención de los comentarios, incluso editoriales, de estos últimos días es la afirmación tajante que dirige este tipo de ideas contra Aznar. Ortega sigue diciendo algo que más bien parece dirigido a González y al PSOE en estos once años:”En casi todos, una masa homogénea pesa sobre el Poder público y aplasta, aniquila todo grupo opositor. La masa -¿quién lo diría al ver su aspecto compacto y multitudinario? – no desea la convivencia con lo que no es ella. Odia a muerte lo que no es ella.”

Siguiendo con la génesis intelectual, Jiménez de Parga publicaba esos días “Europeizar nuestras elecciones” donde entre otras magistrales propuestas indicaba que la aspiración en los pueblos situados en la primera línea del desarrollo político es que los diputados y los senadores sean “seres humanos de carne y hueso”, con sus virtudes y sus defectos conocidos, personas que el votante sabe identificar por su arraigo en el lugar de la elección o por su notoria significación, representantes “propios” de cada distrito o circunscripción. Abel Posse en ABC, el 12 de agosto, también decía que en casi todo el mundo occidental el político traiciona el poder popular (que le hizo “ser”) y se pliega a los poderes ocultos, a esa sinarquía de factores económicos nacionales y transnacionales, que van transformando al político en un agente, no del pueblo que le votó, sino de esas fuerzas todopoderosas que aceptan en nombre del realismo o del pragmatismo.

Animado por estas lecturas veraniegas escribo el 16 de agosto en Diario 16 “Renacimiento de la Política” advirtiendo sobre el voto cautivo de las nomenclaturas de los partidos que transforma los ricos y variados matices de esas mismas personas, ideas y propuestas políticas en un frontón con peloteo obsoleto, unidireccional y absurdo entre izquierdas y derechas. Por fin me atrevo a publicar el dichoso artículo causante de estas aclaraciones. No hay que buscar tres pies al gato para ser consciente de la fuerza política que pueden tener las libres ideas sin necesidad de financiación bancaria. La libertad de voto creo que es un valor en sí mismo venga de donde venga.

Conociendo el talante liberal de Aznar me dejaría de malas zarandajas consejeras y cogería el toro por los cuernos. La unidad de ideas complementarias, modernas e innovadoras en su partido es, hoy por hoy, mucho mayor que en el resto de formaciones clásicas. Si yo fuera José María daría hoy mismo libertad plena de voto a mis parlamentarios obligando así a Felipe para que hiciera lo mismo en sus correligionarios socialistas. Es muy bonito marcarse las faroladas liberales de Solchaga cara a la galería cuando a la hora del voto práctico se manifiesta un monolitismo homogéneo y atemorizado. Aznar no tiene nada que perder, hoy por hoy, con estos planteamientos innovadores y estaría en sintonía con sus propuestas de listas abiertas. La información política iba a ganar en emoción e interés ciudadano.

O somos o no somos. Cada uno en su sitio, con sus grandezas y sus miserias. En mi caso ni Conde, ni Califa, ni dios. Mucho más sencillo todo: un don nadie con sus íntimas circunstancias.

JJ Franch

LA FUERZA ECONÓMICA DE LA PROPIEDAD

La reciente concesión del Premio Nobel de Economía a Douglas C. North es, entre otras consideraciones también importantes, un espaldarazo a la fuerza económica vital que los derechos de propiedad tienen en el inicio y explosión del desarrollo físico e intelectual de cualquier región o país en distintas y variopintas épocas históricas. Conviene por ello reflexionar brevemente en voz alta sobre esta crucial institución de la propiedad privada.

Por poner sólo un ejemplo North explicaba así la eficacia de la propiedad al referirse a Holanda e Inglaterra: “… en ambas naciones se produjo un crecimiento económico constante, consecuencia de un contexto favorable para la evolución de un sistema de derechos de propiedad que fomentaba los acuerdos institucionales, desem¬bocando en una posesión absoluta y libre de servidumbres de la tierra, mano de obra libre, protección de los bienes privados, derechos de patente y otros estímulos a la propiedad intelectual, así como multitud de acuerdos institucionales destinados a reducir las imperfecciones del mercado en los mercados de bienes y capitales.”

La raíz más profunda de esa patente eficacia se encuentra en la relación mutuamente expansiva entre libertad y propiedad: la libertad posibilita la propiedad pero al mismo tiempo ésta última se define necesariamente por la primera puesto que tan sólo puedo poseer lo que tengo si realmente puedo (libremente) disponer de ello.

No se puede estimar el valor de algo si no estimamos a la vez su relación con otras cosas con las que conjugar la primera. Para valorar algo necesitamos incorporarlo a un conjunto de bienes con las que lo podamos armonizar. A ese conjunto de bienes materiales lo llamamos patrimonio. Su idoneidad, es decir, la capacidad de generar riqueza futura, tiene un fuerte componente de unidad, de compenetración. Cada subconjunto del conjunto de una riqueza tiene mayor o menor valor en la medida que esté más o menos complementado y compenetrado con el conjunto restante. La unidad de esa riqueza se la da siempre el propietario, que es quien dispone y decide sobre ella, sobre su finalidad. La riqueza es una en cuanto pertenece a una sola unidad de decisión y vale más o menos en la medida que esa unidad de decisión (propietaria, con libre disposición sobre ella) sea capaz de compenetrarla y complementarla más o menos en orden a sus fines. Al fecundar unas y otras con nuestro trabajo, o con el trabajo que se encuentra a nuestro servicio, vamos consiguiendo nuestros objetivos.

Quizás por ello Leonardo Polo afirme que el hombre es un ser que, a diferencia de los demás, guarda una relación de tenencia con sus propias características, y también con el resto del mundo: con todo (ser animal racional es ser capaz de poseerlo todo en la forma de conocerlo). Lo rigurosamente caracte¬rístico del hombre es el tener. La capacidad de tener es justamente lo diferencial del hombre. Poniendo un ejemplo familiar a los economistas explica que Robinson Crusoe, tras naufragar y llegar a “su” isla, se la apropió, la habitó. Desde el primer momento que la habita y se la apropia, surgen relaciones de copertenencia inherentes a todas y cada una de las cosas existentes en la isla. Mediante la tenencia se produce una correlación entre todas las cosas sobre las que se ejerce. Unas cosas remiten a otras y éstas a otras, estableciéndose una estructura de remitencias cuya unidad y sentido se la da el propietario.

Cabe introducir en este punto la doctrina que, a través de Locke, será introducida en el derecho y en la economía liberal: “Aun cuando la tierra y todas las criaturas inferiores pertene¬cen en común a todos los hombres, cada uno mantiene la propiedad de su persona. Sobre ella, sólo él tiene derecho. El trabajo de su cuerpo y la obra de sus manos, se puede decir que son verdaderamente suyas. Cada vez que consigue sacar un objeto del estado en que la naturaleza le había situado y en el que le había dejado, mezcla en ello su trabajo, une a ello algo que le pertenece, y de esta forma se lo apropia.”

Hablamos de trabajo en sentido amplio, no sólo como fuerza bruta sino como acto que descubre algo nuevo y lo lleva a la práctica. Como señala el profesor Israel Kirzner lo que hace la propiedad no es, como podría sugerir una lectura demasiado rápida de Locke, el trabajo corriente, el trabajo físico del hombre, su esfuerzo, sino la idea, el acto creador que les acompaña y del que son indisociables. La posibilidad de crear, la idea, se fundamenta, a su vez en la libertad más intransferible del hombre: la libertad de pensamiento.

La economía crece cuando las nuevas innovaciones son plasmadas en derechos de propiedad clarificados que animan a otros a asumir el riesgo de su compraventa. La protección (seguridad y justicia) de esos nuevos derechos, así como el conocimiento de sus reglas de juego hace que se extiendan y fecunden el cuerpo social anclándose en lo que Balmes llamaba el “fondo social”. El llamado “milagro japonés” tal vez venga a demostrar que si bien la propiedad tierra es importante, es aún más decisivo el factor hombre en un sistema de libertad dado que es el “creador” de propiedades intelectuales.

A pesar de la eficacia manifiesta del sistema de derechos de propiedad individual derivados de la plena y entera libertad y responsabilidad, es decir, de la plena y entera posesión de sí mismo, estos derechos están siendo gravemente amenazados por una parte a través del crecimiento desorbitado y desproporcionado del Estado y de otra, ligada a la anterior, por las tendencias macroeconómicas a diseccionar los compo¬nentes de las propiedades individuales para agregarlas a continuación por separado al objeto de crear modelos de análisis económico de crecimiento y desarrollo controlables por el aparato estatal.

Cuando los derechos de propiedad no se amplían tanto en precisión como en extensión se pasa a una situación de abandono e irresponsabilidad generalizada. Veamos como lo explica magistralmente Hayek: “La responsa¬bi¬lidad de muchos sin que al mismo tiempo se imponga un deber de acción conjunta concorde, tiene como resultado usual que nadie acepte realmente la responsabilidad. Si a fin de cuentas la propiedad de todos es la propiedad de ninguno, la responsabilidad de todos es la responsabilidad de nadie.”

La propiedad es requisito para la innovación, para descubrir un mejor uso de las cosas materiales o de la propia capacidad profesional, contribuyendo así de manera decisiva al progreso económico de la sociedad. La propiedad facilita de este modo el aprovechamiento máximo de las oportunidades de crecimiento. Al permitir desarrollar nuestras capacidades emprendedoras, facilitando el descubrimiento de nuestras habilidades y de las de los bienes que están a nuestra disposición exclusiva, contribuye al desarrollo económico de toda la comunidad. Hay que reconocer que la concesión del Nobel a North es un acierto.

JJ Franch

HABLEMOS DE ALEMANIA

No es necesario calentarse la cabeza con intensidad para llegar a la evidente conclusión que cuanto ocurre sobre la superficie de una región, de un país o de la totalidad del planeta Tierra se refleja en el número, estructura y calidad diversa de su población. Si, además, miramos hacia el futuro, todo ese galimatías real de complejas circunstancias que concurren en los diversos grupos humanos que componen ese país se despliega en el porvenir, repercutiendo de mil modos en la historia y las características de las generaciones sucesivas. No es nada sorprendente entonces que grandes pensadores afirmen que de todas las ciencias sociales la más importante es la Demografía.

Una de las características más acusadas de la demografía de los últimos años en Alemania, y en general en los países “desarrollados” occidentales es el progresivo envejecimiento de su población. El crecimiento de la proporción de personas de 65 y más años dentro del total de los habitantes del país es cada vez mayor. Al ser un envejecimiento por la base la gravedad aumenta puesto que la proporción de ancianos crece porque disminuye el número de niños como consecuencia del creciente descenso de la natalidad. Las causas hay que situarlas en el terreno sociocultural: consumismo, permisivismo, secularización (especialmente femenina), crisis de la familia y el matrimonio, incremento de las uniones irregulares, temor obsesivo a la nueva vida, manipulación genética, egoísta miedo a un futuro que se presenta sin sentido,…etc.

En un país sin crecimiento y con demografía en caída libre la capacidad de exportación para dar salida a su creciente capacidad productiva se presentaba como una necesidad imperiosa. La productividad alemana unida al envejecimiento de la población dió lugar a una creciente saturación de la demanda por parte de una población saciada de bienes materiales y artilugios de todo tipo puesto que había consumido todo lo consumible en materia de automóviles, electrodomésticos, sibaritismos alimenticios, aparatos de música,… etc. Esa colectividad que iba envejeciendo paulatinamente acumulaba para sus años de vejez acrecentando el ahorro a expensas del consumo puesto que, con razón y con gran sentido común, no se fía de los sistemas de jubilación estatal por repartición. Una demografía en pleno retroceso vió cómo su mercado interior empezaba a flaquear alarmantemente. Con el desfase inherente a los ciclos demográficos, lentos pero inexorables, el declive hizo su aparición. Ya sabían los estudiosos hace años que la población de Alemania Federal disminuiría pero nadie se lo quería creer entonces. La realidad es que ese momento llegó implacable puesto que su fecundidad de 1,3 era la más baja de Europa entonces. (Conviene recordar que es preciso alcanzar la cifra crítica de 2,1 hijos por mujer para que la población no decrezca.)

Alain Minc en La gran ilusión explicaba esto mismo perfectamente: Si se mantienen las cosas tal como están ahora, es decir, si no se produce ninguna inmigración masiva o una súbita y no probable recuperación en cuanto a los nacimientos, la población descenderá a 38 millones de habitantes en el año 2030. Eso significa que Alemania habrá perdido en no nacimientos tantos habitantes como muertos tuvo a lo largo de toda la segunda guerra mundial. La onda de choque imparable de este fenómeno que convierte al país en un continuo encogimiento general mortecino, prevalece sobre los demás factores económicos, políticos, culturales, psicológicos y sociales, transformando y trastocando todas las previsiones y ecuaciones macroeconómicas.

Para la República Federal, tan necesitada de revitalizar sus exportaciones para compensar su exigua demanda interior, la tabla de salvación vino de la mano de la caída del muro de Berlín, Con la Europa de los doce condenada voluntariamente al mismo declive demográfico puso en marcha una carrera acelerada en busca de los mercados del Este. Las importaciones por parte de esos países de Europa oriental sólo eran impedidas por su indigencia financiera pero por eso se empeñaron en canalizar recursos de capital hacia la Europa Central y del Este aumentando su poder adquisitivo. La convertibilidad de 1 marco oriental por 1 marco occidental ha permitido que una moneda de muy bajo fuste tenga el mismo poder adquisitivo que una de las monedas más solventes del mundo. El peligro y la realidad de la inflación eran claros pero para eso está el poderosísimo sentido común y monetario del Bundesbank captando recursos del exterior y controlando el despegue de los precios. Junto a esto se facilitó poder de demanda al asumir financieramente a los jubilados del Este de Alemania; al facilitar préstamos a la RDA, Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Ucrania o la misma Rusia; al incrementar las ayudas a la exportación de las empresas que venden en esos países; al captar los bancos alemanes recursos financieros del Oeste de Europa para prestar a clientes solventes del Este a cambio de compras de productos alemanes… etc.

Alemania tiene ahora mano de obra barata y medianamente cualificada en los países de la Europa Oriental donde tiene una mayor proximidad cultural. No necesita acudir a las orillas del pacífico para hacer dumping social. Si Alemania y las economías del Oeste son imprescindibles a la Europa Oriental, el envejecimiento del Oeste hará imprescindible también el trabajo humano del Este.

Conviene recordar en este punto final que la tasa de natalidad de España era de 1,3 hace ya unos años y que continua bajando. Se hace perentorio exportar competitivamente e incrementar el sector activo de la población reconvirtiendo pasivos, aumentando las tasas de natalidad o acudiendo a la inmigración que se hará imprescindible. En muchos aspectos el contenido de los párrafos anteriores hubiese sido el mismo si el título del artículo fuese: Hablemos de España.

JJ Franch

COALICIÓN PLURAL DE INDEPENDIENTES

Esto de la política está tan mal que sólo tiene una solución según me parece. Se lo indiqué públicamente al profesor Jiménez de Parga hace unos días en estas páginas: Para revitalizar la vida pública no hace falta necesariamente dejar tiempo a que se aclaren y decidan nuestros actuales políticos a poner en marcha una importante reforma electoral. Hay vías más rápidas.

Se puede poner en marcha, ya, un proceso pacífico, explosivo y acumulativo de regeneración política por la vía de la tolerancia y el debate transparente e imaginativo de ideas con entidad propia. Basta con decidirse. Basta con formar y formalizar una coalición plural de “independientes” cuyo único vínculo de unión fuese el compromiso explícito de defender desde el parlamento para el que fuesen elegidos la libertad y responsabilidad personal del voto de cada uno en conciencia en todas las votaciones que realizasen. Las únicas señas de identidad de la coalición serían el respeto activo y escrupuloso a la libertad de pensamiento, expresión y decisión personal de cada parlamentario elegido. Ninguno de los elegidos representaría a la coalición que sería coordinada, sin especiales estructuras de poder, por un grupo de personas notables que simplemente velarían por el mantenimiento del espíritu nuclear fundacional y que, además, no podrían presentarse a ninguna elección pública mientras dure su función coordinadora.

¿Qué pasaría en España si, por poner un hipotético ejemplo a vuela pluma, se presentaran en el orden que ustedes crean más conveniente y en una misma lista, cerrada de momento pero plural, parlamentarios en excedencia voluntaria como Pablo Castellano, Miguel Herrero, Leopoldo Calvo Sotelo, Ramón Tamames, Ricardo García Damborenea, Cristina Almeida o el mismísimo Adolfo Suárez con su bagaje personal? ¿Qué pasaría si añadimos personalidades de reconocida solvencia como Camilo José Cela, Juan Velarde, Fuentes Quintana, Peces Barba, Antonio Fontán, Ignacio Sotelo, Amando de Miguel, Sánchez Asiain o el propio Jimenez de Parga? ¿Qué ocurriría si se incorporan a potenciar y coordinar este invento novedoso Eduardo Punset con la componente reflexiva e innovadora de Foro y el valor y la paciencia de Rafael Calvo Ortega en su desconcertado CDS? Añádanse algunos líderes de opinión en quienes ustedes estarán pensando y que omito para evitar celotipias entre medios. Incorporen también algunos parlamentarios (y parlamentarias), en activo y con personalidad propia, que con mucho gusto se incorporarían a un proyecto de este cariz estimulante. Sitúen también a líderes sindicales y empresariales que, como todos, actuarían bajo su personal responsabilidad. Coloquen incluso, como colofón, en lugares discretos de la lista, a Felipe González, José María Aznar, Julio Anguita, Miguel Roca, Francisco Alvarez Cascos o Alfonso Guerra despojados del boato de su parafarnalia burocrática partidista y actuando a la intemperie parlamentaria con sus virtudes y defectos personales.

¿No creen ustedes que se revitalizaría la vida política y parlamentaria; que los debates perderían la monotonía actual y se eliminaría el espectáculo bochornoso de escaños vacíos y lectura de prensa, revistas del corazón o revistas pechugonas mientras alguien explica desde la tribuna de oradores sus propuestas? ¿No creen que se potenciará entonces el Legislativo, que realmente legislará, debatirá y raflexionará sobre los no pocos problemas de nuestra democracia a medio y largo plazo, dejando al Ejecutivo que se dedique a lo suyo que es gestionar a corto plazo según lo indicado por los parlamentarios? ¿No creen que el prestigio recobrado del Legislativo repercutiría positivamente sobre la eficacia e independencia del poder Judicial que tanta falta hace? ¿No creen que se restauraría la dignidad del periodista político que no estaría forzado a ir detrás del líder de turno como perro faldero tratando de conseguir las migajas de una frase brillante sin contenido específico para ilustrar un titular y que bastaría con acercarse a las sesiones parlamentarias, no a los pasillos, para estar en la noticia? ¿No creen que se eliminaría por definición la disciplina partidista de voto y el transfuguismo y que todo esto ya está en el espíritu y la letra de la Constitución?

Comprendo que la Utopía de Tomás Moro se queda corta ante esto pero a eso vamos. Las Elecciones Europeas sería un buen ensayo general de cara a las cada vez más cercanas nuevas elecciones generales porque respecto al monolitismo, la jaula de grillos parlantes de los partidos, la disciplina de voto y las listas cerradas hay un rumor creciente que lanza al unísono, sin amenazas violentas, un grito que tiene parangón con otro que hizo época en nuestra democracia y que se podría repetir hoy pacíficamente: ¡Se disuelvan c…aramba!

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P.D.: Perdonen los citados por sorpresa (y todos los no citados) que un don nadie, un economista y escribano de segunda mano, se meta en camisa de once varas políticas, pero soy de los que piensan que la solución de los graves problemas económicos tiene que venir de la mano de un renacimiento de la Política con mayúscula.

JJ Franch

ECONOMÍA Y DERECHO: INTERDEPENDENCIAS

Aunque la influencia institucionalista nunca ha dejado de estar presente con más o menos intensidad en el mundo de las ideas económicas, sí que podemos reseñar una importante pérdida de interés por las instituciones jurídicas y sociales a partir del último tercio del siglo XIX. Desde la revolución marginalista la teoría se fija como objetivo el análisis del comportamiento de los agentes económicos y los mercados dado un cierto marco social en el que no se discute el derecho y las instituciones que fijan los límites a tales comportamientos. Desde este punto de vista el Derecho y la Economía, como ciencias, en tanto que análisis jurídico y análisis económico, parecían no tener apenas nada que ver entre sí. Las pocas coincidencias de estas disciplinas se limitaban a aquellas áreas más jurídicas para el análisis económico y más económicas para el análisis jurídico. Tal falta de comunicación choca contra el más elemental sentido común ya que, al ser única la realidad, el Derecho y la Economía tienen muchos espacios de coincidencia y de dependencia mutua.

Aunque entendemos que el mundo de nuestros días es un mundo de especialización, se hecha en falta, como ya hemos indicado anteriormente en varias ocasiones, una mayor unidad que enmarque armónicamente las especializaciones y una mayor comunicación para ello entre los especialistas. Se trata de no encontrarnos, como sucede con tanta frecuencia, con que gentes que trabajan una misma materia apenas consigan conectar de forma elemental. El acercamiento puede tener lugar en congresos, conferencias o encuentros académicos, pero especialmente convendría llegar a conseguir la formación de equipos de investigación interdisciplinar. Las relaciones que existen entre los distintos subsistemas sociales se caracterizan por la nota de interdependencia, o dependencia mutua. La forma en que la gentes se ganan la vida (Economía) condiciona su forma de organización jurídica (Derecho), su expresión cultural o su organización política. En sentido inverso también podíamos indicar que las formas de organización jurídica condicionan la forma en que las gentes se ganan la vida. Aunque otras ciencias sociales, como la Historia y la Filosofía del Derecho, cuentan con notable tradición en el estudio del ordenamiento jurídico español y gozan de sólida presencia en las Facultades de Derecho, no ha sido ése el caso del análisis económico del Derecho. Urge por tanto su presencia en los planes de estudio de dichas Facultades. Algo se ha intentado con la inclusión de la Economía del Derecho entre las materias que deben explicarse en la asignatura de Economía en los nuevos planes de estudios. Aunque es un buen indicio resulta notoriamente insuficiente.

Hay que subrayar sin embargo, en las últimas décadas, un renacimiento de la economía política en tanto en cuanto la ciencia económica amplía su campo de investigación para incluir en él variables políticas y jurídicas. El marco jurídico institucional ya no se considera como un dato, sino como una variable susceptible de explicación dentro de los propios modelos económicos. Es en este nuevo enfoque donde se deben situar corrientes tan importantes como la teoría de la elección pública, o el nuevo análisis económico del derecho. Esta aplicación de la teoría económica al estudio del derecho es una más de las que se están intentando en los últimos años a raíz de la concepción de la ciencia económica como ciencia de la elección introduciéndose con fuerza en amplios campos de todo el espectro de ciencias de la conducta humana. Al ser aceptado por muchos pensadores que lo característico de la Economía no es la materia de la que trata sino el método que emplea, resulta que esto permite una cierta “universalización” y ampliación de su objeto a numerosas esferas del comportamiento humano. La complejidad de los problemas a estudiar y la especialización del conocimiento económico han inducido el nacimiento de nuevas ramas de la economía, teórica y aplicada, y dado lugar a la aparición de revistas, congresos, asociaciones y movimientos especializados y consolidados en dichas áreas. Ha proliferado así el surgimiento de otras tantas “economía de …”. Este fenómeno, general en economía, es particularmente intenso en el área de la economía pública donde ha tenido lugar la aparición de ramas como la de la economía de la educación, de la defensa, de la sanidad o de la asistencia social, entre otras. Es lógico que surja también una “Economía del Derecho”.

El sistema jurídico, además de hacer lo anterior crea incentivos o desincentivos en una u otra dirección, induciendo a la gente a comportarse de una forma determinada y afectando al bienestar social global (efecto eficiencia) y a la distribución del mismo entre los distintos grupos e individuos (efecto distributivo, o de equidad). Lo que se intenta es saber qué tipo de resultados produce el sistema jurídico a través de los incentivos que establece y evaluar dichos resultados. El análisis es pertinente tanto para la aplicación y explicación de las normas e instituciones jurídicas como para el diseño de un sistema jurídico que responda mejor a los deseos de los ciudadanos a través de la política jurídica.

Es en esta parte de la política jurídica que versa sobre la constitución y diseño del sistema jurídico donde juega un papel importante el análisis económico ya que se crean distintos sistemas de incentivos ante los cuales reaccionan los individuos comportándose de forma diferente para conseguir su bienestar. La creación de ese marco de incentivos que haga máximo el bienestar social y que lo distribuya con arreglo a los valores de los que se ha dotado, es crucial para cualquier sociedad.

JJ Franch