ACTUALIDAD DE LA ECONOMÍA POLÍTICA CLÁSICA

Resulta altamente significativo y aleccionador dar un breve repaso a las ideas fundamentales de la llamada Economía Política Clásica porque encontramos recetas y consejos cuya aplicación actual en innumerables países, tras el fracaso histórico del socialismo real, y dando el keynesianismo las últimas bocanadas, resultaría esclarecedor y reconfortante dado el paralelismo institucional en el que se gestaron aquellas ideas. ¡Cuántas décadas perdidas y cuánta miseria que se hubiera podido evitar!

La Economía Clásica adquiere su grandeza al poner de relieve, en el pensamiento económila fuerza connatural que llevan implícitas las instituciones de mercado por su complementariedad e interdependencia. Frente a los errores secundarios de menor relevancia, creo que su acierto fundamental está en la insistencia científica y generalizada de estos economistas en resaltar los efectos beneficiosos de la libertad, propiedad, intercambio, competencia, especialión y apertura de miras en mercados cada vez más abiertos. Quizás sin ser demasiado conscientes de los camique recorrían esas fuerzas quedaron deslumbrados por su poder y se empeñaron diligentemente en su defensa e implanón. Estas fuerzas están tan arraigadas en la naturaleza de las cosas así como en la naturaleza humana que, si se las deja actuar, subsanan muchos errores que se pudieran cometer. Su capacidad innata de unificar y compenetrar en orden a los fines humanos la Tierra, el Trabajo y los instrumentos de Capital capitalizados con el ahorro anterior, hace que su implantaón en una sociedad produzca efectos ventajosos sobre la riqueza de sus miembros.

En aquellas sociedades en que estos principios se han implantado en una determinada etapa de su historia los resultados no se han hecho esperar en términos de aumento de bienestar y prosperidad. Los clásicos consideraban su sistema, basado en estos principios, como algo muy superior en sus implicaciones para la felicidad humana que el sistema de restricción, regulación y control mercantilista que prevalecía en aquellos tiempos. En el marco histórico concreto en que se movieron sus doctrinas tenían un marcado carácter reformista. Protey potenciar estos principios era su meta fundamental. Según su sistema de libertad económica, no se trataba simplede recomendar sencillamente la no interferencia, sino que se trataba de mucho más. Su tarea consistía en eliminar todo aquello que significara obstáculo e impedimento antisocial para liberar de este modo todo el inmenso potencial de libre iniciativa individual pionera. Sus propuestas prácticas se dirigieron, en este sentido, tanto contra los privilegios de compañías y corporeguladas, como contra las restricciones a la movilas restricciones a la importación o los privilegios estatales marcadamente antieconómicos.

Los economistas clásicos fueron la vanguardia de este movimiento general para liberar la originalidad encerrada en la naturaleza humana a través de la cooperación espontánea y solidaria del mercado. La defensa de sus prinla llevaron no sólo frente al intervencionismo estatal equivocado, sino frente a quienes los conculcaron, sea cual fuere su función y pertenecieran al estamento que pertenecieran. En concreto, no fue su teoría una forma de defender los privilegios de los empresarios. A. Smith habla de la generalidad de sus convicciones frente a cualquiera. A los empresarios les criticará especialmente sus intentos de reducir la competencia en beneficio propio buscando privique les permitan recaudar en su favor una especie de impuesto adicional sobre el resto de los ciudadanos. La vulgarización del principio de no intervencioestatal no es correcto aplicarlo a la Economía Política Clásica. El gobierno debía actuar y debía intervepero creando las condiciones para el desarrollo social de las instituciones básicas del mercado. La civilización libeoccidental no se hubiese desarrollado sin esta visión de los economistas clásicos con respecto al papel del Estado en el terreno económico. Los Clásicos le pedían que no se mezclara en lo que, libre y pacíficamente, podían realizar los ciudadanos; pero también le impulsaban a que abriera una senda segura y abierta por la que transitar. No quiera el Estado decirme cuál es mi auténtico interés, mis auténticas finalidades – ya que nadie mejor que yo las conoce – pero sí le exijo que cree las condiciones adecuadas para manifestar y conseguir voluntariamente esas finalidades.

DEMANDAS DINAMICAS CRECIENTES

          Quedan todavía muchos reductos en la economía española donde se aplica la clàsica economía de demanda en la que la empresa se dedica a producir “grosso modo” toda la producción posible suponiendo una demanda estàtica y homogènea. Si rige esta economía de demanda fija, los valores cuantitativos, la eficacia tècnica y el aumento continuado de la producción material homogenea son lo decisivo. El proceso de la revolución industrial clàsica presenta un fuerte componente inercial. Se tiende a extrapolar el mercado de demanda arbitrándose mecanismos artificiales para estimular un consumo que absorba una evidente superproducción.
          Frente a esta economía de demanda emerge con fuerza la llamada economía de oferta en donde pasa a un primer plano la oferta diferenciada y con valor añadido importante. En las empresas se ponen en primer lugar los valores cualitativos y dinàmicos donde la innovación tecnológica y la capacidad de percibir las variaciones del entorno social constituyen las exigencias màs importantes. No es que se dé una sobresaturación de productos sino que el cambio de estilos de vida exige la producción de nuevos productos y servicios. Si se difunde ademàs la educación y aumenta la cultura, las demandas trascienden las necesidades bàsicas y se dirigen hacia bienes que requieren una elaboración màs diversificada y sofisticada. Lo que el consumidor busca en algunos productos y servicios es satisfacer su deseo de manifestación y realización, su autoperfeccionamiento interior. En la sociedad cambiante del conocimiento priman màs los planteamientos que exigen una reconversión continua hacia las nuevas demandas de los mercados.
          El nuevo horizonte de esta sociedad està en la flexibilidad de una oferta que descubre las necesidades cambiantes de la demanda y se pliega a ellas. El valor servicio aparece como el factor emergente y de futuro. Este proceso se ha acelerado ademàs por la globalización e interdependencia crecientes. En pocos años se ha pasado de estructuras sociales que trataban de operar en compartimentos estancos a un modelo en el que la intercomunicación lo penetra todo. Antes se buscaba la autosuficiencia de los agentes económicos y sociales procurando aislarlos o distanciarlos. Hoy en cambio se piensa que la comunicación no perturba sino que enriquece. El conocimiento, y en concreto el mejor conocimiento de las necesidades superiores de la naturaleza humana, se pone en la base y el centro del progreso social y empresarial. Se hacen necesarios los modos de pensar màs dinàmicos, universalistas y humanistas.

ECONOMÍA Y ECOLOGÍA HUMANA

          Para reconducir los problemas ecològicos hacia situaciones màs convenientes, las cada vez màs fecundas ciencia y técnica modernas ofrece multitud de soluciones y alternativas factibles de poner en práctica. Pero todo ese bagaje de resoluciones se enfrenta a un muro, difìcilmente franqueable, creado por la inercia de las costumbres humanas que, deslumbradas por el espejismo del “homo aeconomicus”, disfrutador a cada vez màs corto plazo, continuamente se autoalimenta y regenera en su carrera cuasimecànica hacia un consumo material cada vez màs efìmero, variable e instantàneo. La economìa de mercado por sì misma es neutral respecto a los fines. Las orientaciones son marcadas por los actores con libertad personal. Tal sistema multisecular de libre intercambio orienta automàticamente los recursos productivos hacia el incremento de los flujos de bienes y servicios de mayor demanda. Pero son las personas que toman las decisiones en ese entramado las que deben matizar por el sentido comùn tales flujos y su reordenaciòn.
          La soluciòn de los problemas medioambientales no es ùnicamente un problema tècnico sino fundamentalmente un problema de mejora de conductas humanas, y la dificultad estriba en que las costumbres no cambian fàcilmente ya que se requiere un alto grado de reflexión sobre los fines ùltimos y de autodominio personal, familiar y social. Rectificar el rumbo mecànico de las pautas de conducta masificadas resulta màs complicado y necesario que aportar vìas de mejora tecnològicamente eficientes. Es utòpico pensar en un éxito duradero en el àmbito ecològico sin una profunda transformaciòn de nuestras costumbres e ideas.
          Nuestra civilizaciòn empresarial, mitificando la acumulaciòn material, dando prioridad a la forma sobre el fondo, al presente sobre el futuro, al corto sobre el largo plazo; primando lo efìmero sobre lo perenne y el continente sobre el contenido, no sólo perjudica el ecosistema fìsico-natural sino que està destruyendo las relaciones sociales desinteresadas y está viciando los contactos humanos impregnàndolos de un sentido utilitario que los  vacìa de su sentido contemplativo. Esa visiòn contemplativa serìa aquella que valora simplemente la amistad por la amistad, la conversaciòn por la conversaciòn o el saber por el saber como gustaban de practicar los clàsicos. Para  ellos saber no era poder sino que saber era simplemente saber y el saber en sì mismo era bueno. Tal degradaciòn paulatina de las relaciones humanas y por lo tanto de ese “medio ambiente humano” hay que anotarlo como significativo coste social de las conductas activistas.

INTRODUCCIÓN al Blog JJFranch

                                 INTRODUCCIÓN:   ECONOMÍA A VUELAPLUMA
          La Economía tiene que encontrar el sitio que le corresponde entre las ciencias humanas. No conviene encerrarnos en nuestro mundo especializado y muchas veces incomprensible. Por eso pienso que la Economía no tiene por qué estar reñida con la Literatura. Tampoco tiene por qué estar enfrentada con la Historia, la Psicología, la Política,  el Derecho, la Etica o la Filosofía.
         Veamos un ejemplo en  la  siguiente  cita  de un cuento de  Jorge Luis Borges.  Escribe  en  “El Zahir”: “Dijo Tennyson que si pudiéramos  comprender  una sola  flor sabríamos quiénes somos y qué es el mundo.  Tal vez quiso decir  que no hay hecho, por humilde que sea, que no implique la historia universal y su infinita  concatenación de  efectos y causas.  Tal vez quiso decir que el mundo visible se  da entero en  cada representación, de igual manera que la voluntad, según Schopenhauer, se da entera en cada  sujeto.  Los cabalistas entendieron que el hombre es un microcosmo,  un  simbólico  espejo  del  universo; todo  según Tennyson, lo sería.”
        No he encontrado mejor descripción de la interdependencia, complementariedad y coordinación universal de todo el mundo físico y espiritual, pasado, presente y futuro en que se basa la imposibilidad de control y comprensión humana plena de la Economía. Me atrevería a decir que somos, cada uno, una eternidad que camina despistada por los caminos del hoy cotidiano sin calar en la profunda significación de cada insignificancia. Esos billones de acciones personales diarias son totalmente incognoscibles e incontrolables. Coloquialmente podíamos decir que un estornudo a destiempo de hace dos siglos cambió el rumbo de toda la historia universal futura. En Economía todo es interdependiente.
          Por eso, en esta introducción, prefiero no hablar directamente de Economía, dejar a un lado el pragmatismo económico tan extendido y resaltar la conveniencia y la importancia que tienen para el crecimiento personal, la lectura y la escritura habitual. El escribir, a tiempo y a destiempo, permite desarrollar y potenciar a la vez tanto la actividad docente como la difusión de la actividad investigadora. Quizás por mi fondo optimista confío en la bondad de la difusión y transparencia masiva de las intuiciones y descubrimientos personales aunque desaparezcan de inmediato los posibles beneficios monetarios de la propiedad intelectual.
          Escribiendo se consigue grabar en papel y lanzar al voleo de la comunicación una reflexión personal que puede permanecer viva en la corriente humana de la historia. Escribiendo se intenta eternizar un instante creativo, una inspiración triste, alegre o vibrante y una luz efímera del mundo de las ideas. Es un privilegio reservado sólo a la especie humana. Se escribe poco porque se lee poco y se lee poco porque se escribe todavía menos. Hay que animarse, atreverse, a escribir. Aunque sepamos que sólo lo leerán nuestros incondicionales, nuestros hijos y quizás, lo dudo, los hijos de nuestros hijos. Posiblemente muchas veces sólo nosotros leeremos esas tonterías, pero, aún así, vale la pena. Lo escrito ordena el pensamiento desordenado e incluso caótico y,  a su vez, introduce un sano desorden en nuestras manías y obsesiones rígidas.
          Esos instantes luminosos pero efímeros pueden aparecer en las más dispares circunstancias: en el comentario de un taxista o de un compañero de viaje en un tren de cercanías; al captar al vuelo un comentario político, económico o cultural haciendo un zapeo improvisado y repentino en el dial de la radio o en la televisión; al ojear con prisa o quizás reposadamente las páginas  de opinión en un diario matutino o los comentarios a pie de página de un tratado de Economía; al recordar la crítica brillante de un alumno adelantado o el comentario zoquete de un profesor de alta alcurnia; en la confusión personal por el ridículo ante una pregunta fácil que muchas veces no supe contestar o en la silenciosa excitación que produce descubrir algo que, equivocadamente, creía que era novedoso e importante; en un embelesamiento matrimonial o tras la reflexión conciliadora después de un enfado con ella; en una crítica seria pero impertinente hecha por un mequetrefe de siete años o en un comentario casual del Premio Príncipe de Asturias… o a raíz, como así sucedió tristemente y por eso le dedico el último artículo, del fallecimiento de un ser tan querido como el padre.
         Toda miscelánea es como un serpentín de chispazos intelectuales que aparecen en las más variadas circunstancias. Confío que entre tanta ceniza estéril pueda el lector encontrar en estos artículos algún chispazo monocolor del majestuoso resplandor inabarcable de la serena verdad multicolor.
          No sé si leyendo y  escribiendo conseguiremos aumentar la libertad institucional, pero estoy seguro que a través de la cultura, la educación, la formación y la ética conseguiremos mayor libertad personal y mejor capacidad de autodeterminación flexible. Ganaremos así en flexibilidad, tolerancia y amor a la sabiduría y a la verdad siempre nueva.
          Hecha esta introducción tengo que hacer una confesión: estoy seguro que todo lo aquí escrito es copia, nada es original. Aunque tengo la concepción abierta de la propiedad intelectual que tiene Leonardo Polo según la cual la idea no es sólo de quien la descubre sino de todo aquél que es capaz de comprenderla, procuro siempre en mis escritos citar y dar pistas sobre quién me inspiró esto o aquello. Pero no puedo citar al taxista o  al fontanero; a quien estornudó a destiempo hace dos siglos o al vecino del quinto; a quien inspiró un pensamiento a Carlos Marx o los que lo hicieron a Smith, Ricardo, Marshall o Menger. No puedo citar a todos. Me es imposible reseñar en unas cuantas páginas a quien redactó una noticia que leí en una esquina o al cámara que se fijó en un plano interesante del político de turno o al desconocido que seleccionó las noticias de un telediario. Repito: nada es original. Por eso ruego que todos se tengan por citados. Como estoy convencido que todo lo que escribo  es copia tampoco reclamaré derechos de autor  en mi caso. Personalmente prefiero que me copien. Aunque con una condición fácilmente alcanzable: que la copia mejore siempre el original en una cadena expansiva sin final.
          Sin embargo también conviene decir que todo es nuevo y distinto si consideramos el tiempo y el espacio concreto de cada bombilla humana viviente que se ilumina con una idea y con diferente intensidad en cada momento especial de la vida. Como dijo Gilson “Ninguna relación inteligible entre dos términos pertenece para siempre al pasado;  cada vez que se la comprende, está en el presente.” Para subrayar lo que intento ahora explicar vienen a mi memoria unos versos del poema “East Coker” de Eliot:
                  Dices que estoy repitiendo
                  algo que he dicho antes.
                  Lo volveré a decir.
                 ¿Lo volveré a decir?                    
          Puede usted adivinar leyendo estas letras lo que yo pensaba hace unos días, exactamente el 24 de Enero de 1994 a las 19 horas y seis minutos, cuando estaba gestando y escribiendo estas palabras. Pero lo que yo no sé es lo que le sugerirán a usted esas mismas letras  ni tampoco puede saber usted ahora lo que pienso yo en estos momentos y en qué dirección. Todo es nuevo y nada parece viejo. Pero a su vez todo es viejo y nada parece nuevo. Incluso sobre la  Economía de la que tanto se habla, no sé si por suerte o por desgracia, desde hace más de dos siglos.
          Pero no todo es azar, desorden y caos. Hay un duende universal que planea sobre izquierdas y derechas; sobre modelos o teorías económicas; sobre ideologías científicas o políticas; sobre sexos, razas, edades y procedencias; atrayendo hacia sus principios mágicos a todo aquel que lo vislumbra en su solitaria intimidad. Con mi mentalidad económica profesional quisiera convertirme, a tientas y sin más pretensiones, en vocero cotidiano y tozudo de ese duende universal que atrae hacia su verdad los desarrollos de las diferentes ciencias humanas.
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          El contenido de estos artículos se publicaron en distintos periódicos de información y de información económica especializada, fundamentalmente Diario 16, ya desaparecido, Gaceta de los Negocios y Mediterráneo por orden cronológico inverso, salvo el último por razones obvias ya que es el dedicado a mi padre. También se incluyen y distintas comunicaciones y ponencias en algunos congresos y que son de lectura más especializada.
           Quiero dar las gracias a todos los que confiaron en la viabilidad de este proyecto editorial de Misceláneas personales. También a todos los responsables de opinión de los medios en los que he publicado por tener el atrevimiento, y cometer la insensatez, de publicarlos. También a mi hijo José Juan que ordenó eficazmente todo el desorden informatizado; a Rocío como siempre, y a los innumerables que, como dije antes, debería haber citado. Y gracias en definitiva a quien, desde el principio y con potencia inusitada, infundió un soplo de espíritu y vida en los entresijos más profundos de la materia. Gracias a todos.
                             José Juan Franch Menéu     Economía a vuelapluma

ENSEÑAR Y ENSEÑAR ECONOMÍA

                                       ENSEÑAR Y ENSEÑAR ECONOMÍA
          El término enseñanza proviene del latín insignare que significa señalar, y se suele usar para nombrar un sistema organizado en orden a proporcionar instrucción en una materia determinada mediante un método según el cual se estructuran los esfuerzos instructivos de los profesores. La enseñanza también designa un rendimiento, es decir, una auténtica subjetivación por parte de los alumnos de lo enseñado por el profesor. Para conseguir tal rendimiento no puede reducirse el aprendizaje a una actividad realizada en las aulas, por la que se transmite a los alumnos, a través de la palabra, un conjunto de hechos y doctrinas. Esta reflexión se hace especialmente importante en Economía por su carácter práctico y cotidiano. Puede enseñarse algo sin que la subjetivación de tales conocimientos modifique necesariamente la conducta, pero la mejor docencia se da cuando lo aprendido se pone realmente en práctica. El fin que persigue toda ciencia es el “conocimiento” o la “sabiduría” dentro de su campo peculiar de actuación. Dicho conocimiento gana en calidad en cuanto más se adecua al espíritu humano, en cuanto que se humaniza.
         En líneas generales podemos decir que hay educación cuando se transmite algo valioso que es efectivamente puesto en práctica por el educando. La buena educación, por otra parte exige que no sea una mera transmisión de información, sino que se den a conocer las bases conceptuales en que se fundamenta lo transmitido. A tales efectos la docencia suele entenderse siempre como una actividad dialógica entre quien enseña y quien recibe la enseñanza. En cualquier caso sigue siendo un problema de muy difícil solución conocer los métodos más eficaces de docencia. Los numerosos siglos de enseñanza no han resuelto esta cuestión. Además hasta hace muy poco tiempo la cultura era tan elitista y los conocimientos a transmitir tan reducidos, en comparación con los actuales, que no habían surgido, con la preponderancia actual, estos problemas.
         Otra característica de la buena docencia actual es la que deriva del hecho de ser nuestra sociedad, frente al inmovilismo de otros siglos, esencialmente cambiante. Debido a ello los contenidos a explicar no son algo que pueda ser determinado de una vez y para siempre, ni, mucho menos, podemos empeñarnos, irresponsablemente, en continuar enseñando las mismas cosas que tenían sentido en otras épocas incluso recientes. Es misión de quien enseña en cada momento tratar de determinar aquellas materias que constituyen, como decía Ortega, el núcleo de las ideas vivas de la actualidad.